lunes, 5 de enero de 2009

Fueron 7 años. Tiempo más que suficiente para curar mis heridas, endurecerme, crecer, aprender, creer, tenerla clara, darme cuenta de que la tenía oscura, desaprender, volver a intentar, estar bien, estar mal, reabrir viejas heridas, hacer pendejadas, madurar.
Son unas cuantas las cosas que aprendí en esos 7 años. Una de ellas es que no tiene ningún sentido intentar entender a las mujeres. Hay que amarlas, odiarlas, perseguirlas, escaparles, pero no es posible -y tampoco necesario-, entenderlas.
La otra cosa que aprendí es que no es de idiota tropezar dos veces con la misma piedra. Es inevitable. Parece que la muy guacha te sigue sin que te des cuenta y, en un momento de distracción, te pasa y se queda ahí adelante, esperando que tropieces.
Son pocas las mujeres que se aceptan realmente y que no tienen miedo a vivir como y hacer lo que quieren. Sin rendirle cuentas a nadie. Sin importarles el qué dirán o esas miradas cortantes que la vida nos regala.
Generalmente esas mujeres tienen cierta dificultad en encontrar pareja. (Las razones de esto -justamente atribuidas a los hombres-, quedan para análisis de ellas).
Lo cierto es que el resto de las mujeres (casi todas con las que nos cruzamos en nuestra vida) no son así. Les importa mucho el qué dirán. Incluso cuando nadie vaya a enterarse de su «pecado». Ellas lo sabrán, y son las principales arpías, las primeras con sus comentarios filosos que conforman el «qué dirán».
Entonces no pueden encamarse con un tipo porque si.
Aunque tengan la más absoluta certeza de que él no las va a llamar al día siguiente, tienen que preparar el escenario de manera tal que parezca que tienen todo el derecho de sentirse engañadas y usadas.
No las entiendo..... pero no me importa.
Ya habrá más novedades en este, su boletín informativo de huevadas.

2 Opinaciones:

Café (con tostadas) dijo...

Ay! saltaría con una descarga contra las mujeres que hacen las cosas así... por vergüenza de género.

También saltaría contra los hombres que hacen las cosas así...

pero freno el impulso, contengo los dedos y sólo digo la verdad:

no las entiendo.

(che, yo sí le doy bola a las etiquetas, seré la única?)

El Opinador..to dijo...

Café: Gracias por pasar.
Lamentablemente no es cuestión de género... es de especie.

Beso

P.D. entonces voy a esmerarme con las etiquetas!!!