martes, 10 de febrero de 2009

Luego de las más que favorables repercusiones que tuvo el post anterior, en el que el 100% de los padres me repudiaron, y el 100% de no padres, me apoyaron, creo que todos nos tendríamos que ir al rincón a pensar.

Voy a empezar haciendo algunas aclaraciones ya que hay muchas sensibilidades en juego:
-No tengo hijos. Esto no me inhabilita para opinar sobre crianza. Creo que no es necesario tener hijos para saber qué es lo que está bien y qué está mal. Después, que uno pueda llevar a cabo sus ideas cuando las papas queman -cuando los hijos llegan-, es otra cosa.
Pero pongamos como ejemplo la tele. Todos coincidimos en que no es lo mejor que los chicos estén todo el día pegados a ella.
Si los chicos lo están, estaremos "fallando" en algo.
Ahora, eso no nos hace malos padres. Si, llegado el momento, el crío se pone insoportable y necesitamos unos minutos de paz, pues los pondremos frente a la tele y listo.

Voy a aclarar algunas cosas sobre mi y mi crianza.
Tengo un hermano mayor. A él, algunas veces lo han cascado.
A mi no. Para cuando yo tuve edad de hacer un poco de lío, mis viejos ya habían empezado terapia y recuerdo el día que mi padre nos sentó y nos dijo "chau bife", hola sistema de premios y castigos.

Es decir, te portás bien, tendrás premio.
Te portás mal, tendrás castigo.

Pero ojo, que no es un cuento de hadas.
El premio era poder hacer las cosas que normalmente hacíamos.
El premio no era una bicicleta frente a cada buena acción.
Cuando fui creciendo, el premio era gozar de mi libertad.
Desde los 10 años hice un pacto con mis padres. Yo pasaba de grado/año, y ellos no me rompían con los estudios, tareas y demás. Tampoco con las faltas.
Nunca tuve que ratearme, simplemente no iba... o llegaba a la puerta y me iba con amigos. después lo contaba abiertamente en la mesa. Mientras pasara de año, no había problemas.
Los castigos eran severos y firmes. Muy pocas veces tuve el lujo del indulto.
Llegué a pasarme todo un verano (de esos que anochecía a las 10 de la noche) volviendo a mi casa a las 8, porque estaba castigado.

De adolescente tuve moto. Muchos de mis amigos las tenían. Obviamente, era comprada por nuestros padres.
Mi castigo pasaba por no poder salir, o volver a determinada hora.
Los de mis amigos, por no poder usar la moto, o por vivir amenazados con su venta.
Esto me parece una trastada. La moto es mía, ya me la diste.

De chico era pícaro, kilombero y desafiante de todo tipo de autoridad.
Me mandaba mil mocos. Pero siempre tuve en claro que si me agarraban (como lo hicieron ese verano), la iba a pagar, y cara.

Para mi (pese a que llegué a pedirle que me pegara antes que soportar esos castigos) viéndolo a la distancia, fue de las mejores enseñanzas que me podrían haber dado.
Básicamente era "hacete cargo de lo que hagas".
Mil veces me puse en pedo, pero jamás hice kilombo al entrar. Si me tenía que quedar 3 horas afuera esperando a poder caminar derechito y estar seguro de que mi estómago no me jugaría malas pasadas, lo hacía. Sabía que si me agarraban borracho, la iba a pagar.

Hoy los padres (y por ende, los nenes) vienen de terror. Y discúlpenme los padres, pero es así.
A los chicos se les da plata (o algún regalo) pasar de año. O por aprobar las materias en marzo.
Es un disparate. Es un fiel reflejo de nuestra sociedad.
Pasar de año es nuestra obligación. El premio por hacerlo, es seguir gozando de la libertad.
Lo mismo pasa con pagar los impuestos.

Hoy mandan a los nenes a su cuarto como castigo, y los pendejos se la pasan ahí, viendo tele, o jugando a la play.
O el castigo dura sólo 10 minutos.
Te toman el tiempo. Saben que, por más que grites o que los mandes a pensar, todo pasa. En su interior, deben pensar... "sisi... en 5 minutos salgo"
¿les suena lo de la famosa puerta giratoria de las comisarías?

No me banco los padres/amigos.
No puedo entender al padre que le compra forros al hijo.
Hay que hablar de sexo y salud con los hijos, sin lugar a dudas, pero no comprarle forros.
Si le da vergüenza hacerlo, es porque no está listo para usarlos.

Si tenés que volverte en taxi, porque te da miedo la calle, tampoco estás preparado para salir entonces.

Pero claro. Uno quiere dormir tranquilo y le es más barato pagarle taxis al pendejo, que hacerse mala sangre esperando su regreso.

Les doy una noticia. De eso se trata ser padres. De no anteponer nuestra tranquilidad a la de nuestros hijos. De poner su educación y crianza por encima de nuestra paz.
Siempre es muuuuucho más fácil decirles que si, antes que ponerles un límite.
El límite es doloroso, conflictivo y culpógeno. De eso se trata la paternidad.

Me parece que me estoy extendiendo demasiado, pero la verdad es que es un tema que -por razones de edad, y de proximidades- me toca de cerca.
Ustedes dirán si sigo o si paso a contar cómo me salieron los brownies locos.

5 Opinaciones:

Laperraseescapó dijo...

Dale con los brownies, papi!!!







Con algunas cosas concuerdo, con otras, estás meando fuera del tarro!!!
Después te las digo...
Besotes Opi.

Luli dijo...

Reflota la teoría de si seremos hermanos.
Tampoco me pegaron nunca y yo era responsable de mis actos, que no significa que hacía lo que quería.
Fui una chica demasiado buena, donde eran claras mis obligaciones y mis derechos, no había castigos simplemente por ser tan responsable, y no llevarme materias no era un premio sino mi obligación. Nunca existieron las extorsiones y la confianza era el valor principal en casa.
Tampoco nunca fue necesario ratearme, las faltas me las administraba yo y no recuerdo a mi madre preguntándome si tenía tarea. Y no por falta de interés o cuidado, confianza, ni más ni menos.

Trato de enseñarle a mi hijo que lo peor que puede hacer es mentir. Que es importante ser una persona confiable y al ser ideas tan abstractas y él ser tan chico se lo demuestro con hechos.
Quisiera que crezca mas o menos como crecí yo, quizás con menos miedos y un poco más de trasgresión, pero siempre dentro de los parámetros normales y siempre respetando al que esté al lado.
Es más dificil enseñar valores que a andar en bicicleta, creeme, pero vale el esfuerzo y hace la diferencia.
Quizás la culpa de estar tantas horas fuera de casa, más la culpa que da que sea hijo de padres separados, lo que trae aparejado que sean menos las horas que se comparten tientan a dar ciertas concesiones, pero después pienso en esos nenes que no te bancás y yo tampoco y vuelvo al eje y pongo los límites que hay que poner y lo dejo correr riesgos que por más que a mí me den miedo, porque de eso también va a aprender.

No es fácil ser mamá, pero es lo que más me gusta en la vida.

Perdón por la descarga, pero mi psicóloga se fue por más de un mes de vacaciones!

Quiero brownies!
Un beso.

Minerva dijo...

Te lo resumo en el siguiente concepto: miedo a los hijos. Eso les pasa a los padres de hoy.

Lo que no entienden es que los limites se traducen tambien en amor, y un chico sin ellos, por mas que tenga todo en terminos materiales, puede sentirse muy solo.

El Opinador..to dijo...

A las tres: Gracias..... Vamos carajo que coincidimos en algo....
Ya sale una tanda de brownies

Café (con tostadas) dijo...

ok, estamos de acuerdo.

Claro, yo tampoco tengo hijos. Claro, yo también me banqué alguna penitencia rígida. Claro, yo también aprendí que el premio por hacer las cosas bien es usar la propia libertad (y, más todavía, saber qué hacer con ella). Claro, yo también tuve explicaciones lógicas para los "no" y no caprichos. Claro, para mí un NO fue siempre un NO (y así me va en este mundo del dime que no pensando en un si)...

Pero, en fin... estoy de acuerdo con vos.

Ahora, empezar con eso de "todos a la sillita de pensar", flojo, eh! Qué sillita de pensar ni sillitadepensar?!?!?!