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martes, 16 de febrero de 2010

"Conversando" con Café sobre la entrada anterior, me surgió la siguiente duda: ¿Cómo hacés para decirle a tu hijo que tiene que pensar en una carrera con "futuro" económico?

Esto de ser padre (aunque todavía lo estamos cocinando a Dortito) es un verdadero quilombo.
Se te ocurren cosas que jamás pensaste, pero ni remotamente.
Empezás a generar máximas sobre crianza y a ponerte en situación de más de 800 hipótesis de la vida cotidiana a fin de tomar siempre la decisión correcta ("si, tele va a ver, pero no más de 2 horas por día" o "a mi no me va a tomar el tiempo")

Cuando entrás en esa vorágine, te las sabés todas. Sos el mejor de todos, el Socolinsky de la década.

Pero cuando estás tranquilo, pensando en cualquiera, leyendo en blogs propios y ajenos, entonces es que empiezan a aflorar las verdaderas dudas, esas inquietudes que te fruncen un poco. Porque cuando estás solo con tu alma, la seguridad y la soberbia se escapan y no dejan ni rastros.

Y entonces es que se te pueden ocurrir este tipo de preguntas. Porque obviamente que todos queremos que nuestros hijos sean felices.
No menos cierto es que todos (o casi todos) pensamos que la plata no hace la felicidad.
Y ya que estamos en tren de sinceramiento, la gran mayoría también va a estar de acuerdo con que si bien no la compra, ayuda muchísimo. Y todos estamos de acuerdo con que mientras más ganes, mejor. Y que es mejor tener 200, que 100. Y que tener plata está bueno, y que te permite irte de viajes, etc.

Pero seguramente, muchos de nosotros conocemos a más de una persona que tiene mucha plata y no es feliz.
¿Cuántas veces escuchamos la trillada frase de "... ese porque no la sabe vivir, si yo ganara esa guita, sabés cómo me relajo"? Miles. Y la escuchamos de boca de quien gana 500 sobre el que gana 1000, y del que gana 2000, sobre el que gana 5000.

Entonces, te das cuenta de que nunca es suficiente. Si lo que te preocupa es la plata. Si la necesitás para ser feliz, entonces no será nunca suficiente, porque siempre se puede tener más, porque siempre otro tendrá más que vos, porque siempre te va a faltar algo.

No quiero hacerme el hippie, porque ya soy todo lo hippie que puedo ser (aunque, como siempre, me sigo perfeccionando).
Pero me parece que se está poniendo el acento en el lugar equivocado. Creo que se están dando por sentadas las cosas más elementales, los valores más importantes, y pasamos directamente a lo secundario, a lo urgente.

Escucho de gente que lo manda a colegio bilingüe, para que salga preparado.
¿Preparado para qué? ¿Por qué tiene que salir preparado para eso? ¿Qué pasa si se prepara después, para lo que quiera?
Y esa gente, seguro, cuando van a elegir colegio, averiguan todo sobre las horas de inglés que dan, y que a partir de cuándo les empiezan a dar historia en inglés. Y pasan a la secundaria sabiendo fracciones no? Ahora, de la parte humana, ni noticias. Si les van a enseñar a compartir, si les van a enseñar valores, como la confianza en tu compañero, como la lealtad, si se les va a tratar de mantener abierta la cabeza en lugar de llenarla con contenidos inservibles y cerrarla para siempre.

Éramos 26 los que terminamos 7mo. grado allá por el 89.
De esos 26 -si bien no les sigo el rastro a todos- más o menos 8 seguimos carreras "serias" de las de 5 años. El resto, o hicieron carreras cortas, o directamente salieron a vivir de su profesión, a crear, o filmar, o cocinar, o fotografiar, o programar, o enseñar, o diseñar, etc.
Algunos tenemos más plata que otros, y otros más que unos. Podemos no vernos, ni hablarnos por más de 20 años. Y también podemos encontrarnos por facebook, y sentir, y darnos cuenta de que todos tenemos algo en común.
Los abogados, los contadores, y los cantantes, y los cineastas, y los locutores, y los buscavidas. Todos tenemos la misma estructura. Todos tenemos presentes (aunque los practiquemos más o menos) los mismos valores, la misma esencia. Y eso es impagable.

Y tener los mejores recuerdos de tu primaria, mientras crecías y te formabas como persona, y te formabas como profesional, porque aprendías a pensar, a dudar, a jugártela, a discutir, a preguntar, a escuchar, a razonar, eso es impagable.
Y cuando ves a tanta gente talentosa que vive de una manera que vos jamás podrías imaginar para vos. Cuando los ves que viajan a lugares con los que vos soñás, que tienen los tiempos libres que vos necesitás, que tienen en una plaza, el jardín que vos querés, entonces entendés que nunca es suficiente. Que mientras uno quiere la seguridad de un sueldo, el otro quiere la adrenalina de un porcentaje. Que cuando uno envidia la vida al aire libre de otro, el otro pide a gritos un aire acondicionado. Y así podemos seguir por los tiempos de los tiempos.

Entonces, lo que pensaba es que sea feliz. Y podremos pensar en que qué va a saber él como ser feliz. Pero no podemos ser tan estúpidos como para creer que nosotros le podemos decir al otro cómo ser feliz. ¿O alguien tiene la fórmula y no dijo nada?
Que fácil que es llevar a nuestros hijos por el camino "correcto". Y que difícil debe ser enseñarles que el camino lo tienen que elegir ellos.
Que difícil debe ser el vencer a ese impulso de protegerlos, y de guiarlos, y evitar que se lastimen, que se equivoquen, que sufran.

¿Cómo hacés para decirle que tiene que pensar que su carrera tiene que darle plata? Que mambo jodido hay que tener para eso. Y así de jodido y todo ese mambo es más común de lo que debería. Y la gente está empecinada en cagarse la vida con tal de tener plata. Desde los de más arriba, a los de más abajo, como los pelotudos del interior, que movidos por no se qué cuentos de grandeza y glamour de la gran ciudad, dejan sus tierras que les brindarían sustento, para venir a acá a hacinarse, a vivir entre la mierda, jugándote la vida todos los días para tener DirecTV.

Y puta, si será cierto eso de que rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita.
Y también es cierto eso que empecé a decir en la entrada anterior (que no es mío, por supuesto) de que mientras más atención y más depositemos para ser felices en cosas que no dependen de nosotros, más atados estaremos, y más lejos de la felicidad.

Porque el otro no nos pertenece, porque nuestro trabajo, no nos pertenece. El trabajo es una suerte (o una desgracia) que tenemos la suerte de encontrar -o no- y que dependerá de mil y un factores, si nos brindará o no satisfacciones.
Porque si lo pasamos a porcentajes, debe ser ínfimo el porcentaje de gente en el mundo que disfruta de su trabajo y, además, este le da buena plata. ¿Y eso quiere decir que no se lo merecen? ¿Que no se dedicaron lo suficiente? ¿Que los 20 años que se pasaron estudiando no alcanzan?
A mi me parece que tiene más que ver con la suerte, con la alineación de los astros en conjunción con la aceituna de la pizza, que con una escala "justa" de premios y castigos.


Otra vez, para variar, descarrilé.
El camino me quedó allá a lo lejos... casi que no lo veo.
Pienso en formas de resumir este mamotreto y no se me ocurre nada, excepto
"que haga lo que se le cante el culo, porque nadie la tiene atada"

miércoles, 10 de febrero de 2010

se mueve
se rasca
bosteza
crece
salta
patea
recibe alimentos
ya está cabeza abajo
y...









nada más









ah, si, me hace ser infinitamente feliz.
(que no es moco e' pavo eh)

martes, 20 de octubre de 2009

El momento que estoy viviendo es -por supuesto- increíble.
Me alegro como nunca lo hice, me río, me enamoro, sueño, viajo, vuelo.
También me pego unos cagazos de la gran siete. Es como si se despertara un nuevo sentido que está todo el tiempo pendiente de que Dorta y Dortit@ estén bien.

Leer el diario es ya una costumbre que se está volviendo masoquista.
Te va produciendo un encierro jodido, porque cada día el ambiente es más y más denso.
Más allá de que uno se mantiene a flote, es una lucha constante mantener la cabeza fuera del agua. Es cansador estar con el agua al cuello. Claro que estas quejas son con panza llena. De todas formas, mi preocupación a futuro no pasa por los placeres terrenales que podré darles a los Dortit@s por venir.

Siempre detesté la idea de vivir en un barrio cerrado. Y lo sigo haciendo. Y sigo decidido a no ceder a la tentación. Lo que me embola es que cada vez la tentación tiene más razón de ser.
La cagada es que uno no ve cómo o cuándo podría mejorar un poco la cosa, cambiar la mano. Ningún político entusiasma ni un poquito. Es como estar en medio de una guerra de pasteles de mierda en la que los políticos las esquivan todas y la terminamos ligando nosotros.

Desde los 18 años que voy a todos lados con mi auto. Sea facultad o trabajo. Siempre con el aire o la calefa, con música, en la mía.
Hace un mes más o menos, volví a las raíces y me entregué de lleno al placer de ir con chofer, por la módica suma de $1,25.-
Cuando el momento de la verdad, del cambio, se acercaba no me gustaba ni un poco. Hoy no quiero saber nada del auto. Me di cuenta de que el no tener que luchar más contra el tránsito, contra los peatones, los baches y los pozos y los putos motoqueros, me trae una relajación notable.

Mi conversión al hippismo (trabajador y con una ducha diaria al menos) está en marcha.
Primero fue darme cuenta de que no necesito un auto de lujo. Después, de que ni siquiera necesito auto. Eso convirtió a mi auto de mierda, que nunca me gustó, en un lujo que me doy para ir más cómodamente a visitar a mis sobrinos los fines de semana.
Es un gasto menos, una presión menos, una "necesidad" menos. Ahora lo tengo y lo pago porque quiero.

Porque si a toda la merda del país, del mundo, le sumamos una "necesidad" de ganar plata -para no disfrutarla- entonces estamos al horno.

Hoy vamos a ver una casa. Si es como parece, sería "LA" casa. Tengo todos los dedos cruzados.
Muero de ganas de hacer muebles (biblioteca para empezar) con mis propias manos.

Que larga se hace la espera... pero hay tanto por hacer de acá a mayo.

martes, 10 de febrero de 2009

Luego de las más que favorables repercusiones que tuvo el post anterior, en el que el 100% de los padres me repudiaron, y el 100% de no padres, me apoyaron, creo que todos nos tendríamos que ir al rincón a pensar.

Voy a empezar haciendo algunas aclaraciones ya que hay muchas sensibilidades en juego:
-No tengo hijos. Esto no me inhabilita para opinar sobre crianza. Creo que no es necesario tener hijos para saber qué es lo que está bien y qué está mal. Después, que uno pueda llevar a cabo sus ideas cuando las papas queman -cuando los hijos llegan-, es otra cosa.
Pero pongamos como ejemplo la tele. Todos coincidimos en que no es lo mejor que los chicos estén todo el día pegados a ella.
Si los chicos lo están, estaremos "fallando" en algo.
Ahora, eso no nos hace malos padres. Si, llegado el momento, el crío se pone insoportable y necesitamos unos minutos de paz, pues los pondremos frente a la tele y listo.

Voy a aclarar algunas cosas sobre mi y mi crianza.
Tengo un hermano mayor. A él, algunas veces lo han cascado.
A mi no. Para cuando yo tuve edad de hacer un poco de lío, mis viejos ya habían empezado terapia y recuerdo el día que mi padre nos sentó y nos dijo "chau bife", hola sistema de premios y castigos.

Es decir, te portás bien, tendrás premio.
Te portás mal, tendrás castigo.

Pero ojo, que no es un cuento de hadas.
El premio era poder hacer las cosas que normalmente hacíamos.
El premio no era una bicicleta frente a cada buena acción.
Cuando fui creciendo, el premio era gozar de mi libertad.
Desde los 10 años hice un pacto con mis padres. Yo pasaba de grado/año, y ellos no me rompían con los estudios, tareas y demás. Tampoco con las faltas.
Nunca tuve que ratearme, simplemente no iba... o llegaba a la puerta y me iba con amigos. después lo contaba abiertamente en la mesa. Mientras pasara de año, no había problemas.
Los castigos eran severos y firmes. Muy pocas veces tuve el lujo del indulto.
Llegué a pasarme todo un verano (de esos que anochecía a las 10 de la noche) volviendo a mi casa a las 8, porque estaba castigado.

De adolescente tuve moto. Muchos de mis amigos las tenían. Obviamente, era comprada por nuestros padres.
Mi castigo pasaba por no poder salir, o volver a determinada hora.
Los de mis amigos, por no poder usar la moto, o por vivir amenazados con su venta.
Esto me parece una trastada. La moto es mía, ya me la diste.

De chico era pícaro, kilombero y desafiante de todo tipo de autoridad.
Me mandaba mil mocos. Pero siempre tuve en claro que si me agarraban (como lo hicieron ese verano), la iba a pagar, y cara.

Para mi (pese a que llegué a pedirle que me pegara antes que soportar esos castigos) viéndolo a la distancia, fue de las mejores enseñanzas que me podrían haber dado.
Básicamente era "hacete cargo de lo que hagas".
Mil veces me puse en pedo, pero jamás hice kilombo al entrar. Si me tenía que quedar 3 horas afuera esperando a poder caminar derechito y estar seguro de que mi estómago no me jugaría malas pasadas, lo hacía. Sabía que si me agarraban borracho, la iba a pagar.

Hoy los padres (y por ende, los nenes) vienen de terror. Y discúlpenme los padres, pero es así.
A los chicos se les da plata (o algún regalo) pasar de año. O por aprobar las materias en marzo.
Es un disparate. Es un fiel reflejo de nuestra sociedad.
Pasar de año es nuestra obligación. El premio por hacerlo, es seguir gozando de la libertad.
Lo mismo pasa con pagar los impuestos.

Hoy mandan a los nenes a su cuarto como castigo, y los pendejos se la pasan ahí, viendo tele, o jugando a la play.
O el castigo dura sólo 10 minutos.
Te toman el tiempo. Saben que, por más que grites o que los mandes a pensar, todo pasa. En su interior, deben pensar... "sisi... en 5 minutos salgo"
¿les suena lo de la famosa puerta giratoria de las comisarías?

No me banco los padres/amigos.
No puedo entender al padre que le compra forros al hijo.
Hay que hablar de sexo y salud con los hijos, sin lugar a dudas, pero no comprarle forros.
Si le da vergüenza hacerlo, es porque no está listo para usarlos.

Si tenés que volverte en taxi, porque te da miedo la calle, tampoco estás preparado para salir entonces.

Pero claro. Uno quiere dormir tranquilo y le es más barato pagarle taxis al pendejo, que hacerse mala sangre esperando su regreso.

Les doy una noticia. De eso se trata ser padres. De no anteponer nuestra tranquilidad a la de nuestros hijos. De poner su educación y crianza por encima de nuestra paz.
Siempre es muuuuucho más fácil decirles que si, antes que ponerles un límite.
El límite es doloroso, conflictivo y culpógeno. De eso se trata la paternidad.

Me parece que me estoy extendiendo demasiado, pero la verdad es que es un tema que -por razones de edad, y de proximidades- me toca de cerca.
Ustedes dirán si sigo o si paso a contar cómo me salieron los brownies locos.

lunes, 9 de febrero de 2009

No lo soporto.
Es más fuerte que yo.
No me banco a los padres flojitos. Me sacan de quicio.
Y hacen que no me banque a sus hijos, que son inocentes víctimas de un padre sin autoridad.

Y acá me sabrán disculpar los que piensan que los hombres y las mujeres son iguales. NOOOOOO
La madre tiene instinto maternal. El hombre no tiene instinto paternal (lo que no quiere decir que no daría encantado la vida por su hijo).
Pero no es lo mismo la madre que el padre.

Se que hay circunstancias de la vida que llevan a que los chicos se críen con uno solo de ellos... o incluso con dos del mismo sexo. En estos casos o bien uno tendrá que desdoblarse y ocupar un doble rol, o uno de los dos adoptarlo.
No se puede tener dos madres, ni dos padres.

Lo grave es cuando los chicos, con el padre dentro de la casa y todo, tienen dos madres.
Ahí es donde salen jodidos los nenes.

Más de una vez en algún restorán le puse los puntos a un pendejo kilombero. Algunas veces, uno de los padres vino, se disculpó y disciplinó a su hijo.
Pero cuando vienen y en vez de cagarlo a pedos a su hijo, se hacen los ofendidos porque tocaste al nene (no es que lo cagaste a piñas... sólo lo tomaste del brazo) me sacan de quicio.
Parece que reemplazan su impotencia frente a sus hijos, haciéndose los duros con terceros.

Más de una vez también tuve discusiones con amigos al respecto.
Incluso llegué a romper una amistad, porque mi amigo me quería explicar que esa era su casa y su hijo, sin entender que yo no era su casa, ni su hijo, y que si me rompen las bolas, pongo límites. La cosa se iba caldeando mientras yo intentaba -inútilmente- explicarle que no quería ni educarle al nene, ni ordenarle la casa, sino, simplemente hacerme respetar.
Fue imposible explicarle que yo también tengo derechos y que uno de ellos es a que no me rompan las bolas, a que no me usen de puchimbol, etc., etc.
La cosa terminó más o menos así:
Amigo: "Bueno, macho. Bancátela. Es mi casa y es mi hijo".
Opina: "No, papá. Ni en tu casa, ni en ningún lado, ni tu hijo, ni ningún hijo me va a romper las pelotas. Desde ya te digo que cada vez que me joda lo voy a acomodar, así que mejor no me invites más, porque vamos a terminar peleados".

Y así fue.
Más allá de lo anecdótico, me da pena el chico, porque los nenes necesitan una figura fuerte que les ponga límites.
Me encantan los chicos kilomberos, me preocupan esos que nunca hacen nada. Pero así como es sano que hagan lío, también es sano que sufran las consecuencias, que uno les ponga les puntos.

Qué pasó con el viejo y querido "vas a ver cuando venga tu padre"?
Estamos todos locos. Mil veces putié por malas notas, jurando que el/la profe me tenía bronca, etc. Jamás me dieron bola. Siempre me dijeron que deje de llorar y haga la tarea, o me porte bien.
Hoy, los padres van, después de que el nene escupió a un profesor y lo quieren trompear por haberle puesto amonestaciones.
Un disparate.

P.D. nunca, ninguno de mis viejos, me puso una mano encima. No soy pro-violencia. Soy pro-límites.